domingo, 23 de diciembre de 2007

Estas injusticias de la vida....



Son las diez y pico de la noche, y tranquilamente me estoy tomando algo en mi casa ya tranquila, por fin, despues de un día de trabajo un poco agotador. A carreras, de acá para allá.


En lo poco que he podido descansar a ratos, siempre hay algo que consigue perturbar la mente de una y por no variar, nunca es bueno. Es evidente que si perturba, no es en ningún modo positivo.


A la hora de comer, pongo el telediario como casi siempre que puedo, aunque en ocasiones prefiero escuchar más música de la misma que siempre acompaña mis trasiegos. Pero hoy he decidido verlo y nada más enchufar el aparato a las 15:00 h en punto, la primera noticia ya es un parricidio. Una madre decide abandonar de forma unilateral este mundo y se lleva consigo lo más preciado que ha parido. Son noticias sobrecogedoras, habida cuenta de la situación que ha debido vivir esa mujer cada día para llegar a cometer tal atrocidad. Al parecer, había quedado viuda hacía unos meses con dos criaturas a su cargo, a sus costados, al sudor de su frente y que seguramente cada amanecer era una cuesta arriba de tal magnitud, que no lo ha soportado. Es fácil llegar a esa conclusión habida cuenta de como se nos presenta el día a día a cualquiera.




Muchos dirán que es una cobarde y que limpie más portales si no le llegaba el dinero.




Pero a veces ya no solo es cuestión de esa supervivencia sobrevenida en un estado de viudedad mediando en ocasiones una buena indemnización.




Hay penas tan grandes que no consiguen desvanecerse aún con el tiempo. Penas tan insostenibles y tan sumamente enraizadas que uno por mucho que ponga de su mano, no es capaz de sentirse todo lo fuerte que la situación requiere. Y ni siquiera el hecho de tener dos hijas pequeñas consigue darte esa cantidad diaria de adrenalina para continuar aún solo por ellas.




Solución: "yo quiero morirme y me aterra la idea de que lo que más quiero, queden solas sin amparo en este mundo, en un orfanato o casa de acogida. Serían infelices como lo soy yo ahora, así que, mejor nos vamos todas juntas de este mundo voraz y descansaremos de una vez por todas. Y estaremos con papá las tres, fallecido en un accidente de tráfico recientemente. Las navidades sin él, no significan más que una dosis más de dolor agudo a nuestra existencia y no me tengo en pie ni para abrir un triste regalo. No hay nada que festejar, así que lo mejor, es pasarlas a su lado".




Al contrario de lo que muchos piensen, a mi este tipo de decisiones enajenadas no me parecen una locura. Me explico. Y no quiero entrar en las famosas polémicas de quién es una madre para decidir por la vida de sus hijos, como el tema aborto y demás.


Son circunstancias producto de una mente que lleva meses dando vueltas a cómo respirar día a día buscando el mínimo atisbo de felicidad y ser capaz por obligación de transmitirla. Cuando llega ese momento en que tus hijos solo te ven derramar lágrimas sin cesar y no eres capaz de inhalar el oxigeno necesario para poder esbozar una mísera sonrisa, es cuando tu mente ya entra en otra dimensión.


Una espiral continua, cíclica de la que ya no sales. Quizás porque necesitas ayuda externa a gritos y nadie te la ofrece, porque no hay medios.


Las instituciones te dan charlas, terapias de grupo, pero no están contigo las 15 horas al día que necesitas.


Te dan fármacos para aliviar tu estado demente-depresivo, pero no te extirpan de cuajo esa pena impuesta. Alivia a ratos, pero en ese estado de media tontera que los médicos pretenden, tampoco puedes encauzar tu vida y la de tus dos pequeñas, que requieren toda tu atención.


Y ves que tus pequeñas sufren una situación que no merecen, pero precisamente por ello, decides quitarles la vida. Porque las estás haciendo desgraciadas como lo eres tú. Y no quieres eso tampoco.




Con lo cual, esa solución, que posiblemente en el entierro de ese ser querido y quebrado de folma fulminante ya vino a la cabeza en medio de la desesperación inicial, va tomando fuerza cada día, al ver que los fármacos no hacen milagros y nos es obligado seguir con la cabeza bien alta. Pero cuando caminamos a diario cabizbajos, casi rozando el mentón con el pecho un tiempo ya considerable, es cuando decidimos tirar la toalla porque creemos que ese rostro jamás volverá a alcanzar su plenitud y esplendor.


Por eso pasan estas cosas. Tremendas, tristes, horrendas.




Desconozco si tenían más familia. Si eran apoyadas o no. Aunque a veces ya se sabe.........igual es mejor ni tenerla.




Ahora ya estarán tranquilas. Todo acabó por fin.
Y, que ya descansen en paz.




3 comentarios:

Y sin embargo dijo...

Me gusta lo que dices. Cuando escuché la noticia no estaba sola y a mi alrededor lo único que escuchaba eran críticas hacia esa madre. Nadie fue capaz de ponerse en su situación y yo preferí callarme para evitar una discusión.
Su decisión tal vez no fue la más acertada pero muchos tendrían que verse en su situación para ver como reaccionaban antes de erigirse jueces.

Chuspi dijo...

Ante todo, gracias por tu visita y comentario. me alegro de que haya mas gente que piense de ese modo, de una forma totalmente ajena e imparcial ante tal decisión,puesto que ninguno de nosotros tenemos el derecho ni de aplaudir ni de condenar ante sucesos de este tipo que nos ofrece la prensa y siempre de una forma medianamente certera.

Chuspi dijo...

Ante todo, gracias por tu visita y comentario. me alegro de que haya mas gente que piense de ese modo, de una forma totalmente ajena e imparcial ante tal decisión,puesto que ninguno de nosotros tenemos el derecho ni de aplaudir ni de condenar ante sucesos de este tipo que nos ofrece la prensa y siempre de una forma medianamente certera.