lunes, 3 de marzo de 2008

Y...que Dios las bendiga....


Esta tarde en apenas una hora se me ha encogido el alma dos veces consecutivas.


Me acerqué a la clínica veterinaria de Nana para recoger su saco mensual de pienso de 15 kgs.Había gente delante, como siempre es habitual y no nos quedó más remedio que esperar. Mientras tanto, me entretenía observando los correteos de pequeño diámetro de un cachorrillo blanco alrededor de los pies de su ama,una preciosa gatita persa gris que dormitaba a duras penas en el regazo de su dueño, un macho marrón adulto que bajaba corriendo por las escaleras dispuesto a salir volando del local, una hermosa hembra que apenas podía caminar puesto que le habían vendado toda una pata trasera pero se esforzaba con gran dificultad.....y, en medio de todo ese alboroto, asoma desde el piso de arriba, el rostro lloroso de una chica morena buscando la atención de su madre, que, sin haberme dado cuenta, permanecía sentada en un rincón.



Por las caras congestionadas de ambas, enseguida me percaté de lo que estaba sucediendo.


Habían depositado a su perrita ya por última vez encima de la fría camilla de acero. Y ya no la volverían a ver jamás.


La joven llevaba en los brazos los enseres del animal: la cunita donde dormía, y un lindo collar a juego con la correa. A juzgar por el tamaño de los mismos, la pobrecilla debía de ser de poca envergadura, como mucho unos 8 kilos más o menos.


La espera para abonar dicho suceso se hacía larga. Yoli, en la recepción, apenas daba abasto con todo, y el teléfono no cesaba de sonar, mientras ellas dos rompían a llorar de un modo ininterrumpido.


Yo que permanecía a escasos dos metros de ellas, creo que fui la única que realmente sintió tan duro avatar sin contar a Yolanda. Y se me encogieron las costillas de tal manera que me costaba hasta respirar. La vista comenzó a nublarse porque mis ojos ya estaban empañados de lágrimas dispuestas a brotar. Recordé la escena que años atrás me había tocado también vivir a mi y denuevo sentí esa pérdida como si fuese mía. Bajé la cabeza, miré para Nana y tuve que girarme disimulando hacia una estantería llena de collares y correas de diseños variopintos porque ya no tenía más valor para volver a mirarlas, deshaciéndose en ese dolor hondo y sordo que sentían. Porque denuevo me tocará a mi por tercera vez, revivir ese momento algún día.



De inmediato, la madre salió de la tienda dejando a su hija en el mostrador, solo para poder llorar con ganas y con rabia, y poder hacerlo sin testigos, sin la necesidad de ver las caras sonrientes de los demás dueños contentos con los suyos que estaban todavía llenos de vida.


En cuanto le cobraron, la hija pretendió salir de igual modo detrás de su madre, pero hubo que recordarle que se olvidaba la cunita, apoyada en un saco de pienso mientras pagaba. Ella, que ya estaba en la puerta, en cuanto se giró para recogerla, sus ojos ya medio hundidos por el llanto, apenas dejaron salir la voz del "gracias".....



En cuanto recogí lo mío, yo también tenía ganas de salir ya de allí, de que me diera el aire en la cara y olvidarme lo antes posible de tan triste situación.




Decidí hacerle una visita a mi excompañera de trabajo y charlar de algo menos de todo esto.

Pero las malas noticias no habían acabado. No me lo dijo anteriormente porque ella no la conocía y no se había dado ni cuenta. Y así, hablando de todo un poco, fue cuando me dijo que había muerto este domingo Vicenta. Cómo ?? le dije. Pero..........cómo es posible ??



Vicenta, una grandisima señora de 72 años, dedicada por entero al cuidado de su marido inválido desde hacía ya tres años debido a una parálisis, no es que tuviera una salud de hierro ni mucho menos, pero nadie esperaba tan fatal y repentino desenlace. Vivían los dos solos y ella apenas salía de casa para estar con él, puesto que todavía la comunidad no había aprobado el presupuesto para poner el tan ansiado ascensor. A menudo los visitaba su hija, que también hacía dos años, al poco de casarse, que había perdido a su marido y continuaba a tratamiento antidepresivo desde entonces. Y Vicenta era la fuerte de los tres, sin duda alguna. Una señora de las de antes, de las de siempre, poniendo lavadoras todo el día porque su marido, medio encamado, necesitaba muchos cuidados, y al que yo atendí durante meses. Y ambos eran encantadores. Siempre tenían palabras bonitas hacia mi y de enorme agradecimiento. Y siempre estaban contentos. Daba gusto entrar en su casa siempre. Y me mandaban un cariñoso saludo por medio de otras compañeras.



Parece ser, por lo que Yolanda me dijo, que a ella le dio una angina de pecho el lunes pasado y ya la ingresaron de urgencia. Dicen que no cesaba de preguntar por su marido. La operaron el sabado y el domingo ya falleció. Se comenta que, a pesar de su enfermedad, la angustia de pensar que su marido estaba en casa sin ella, fue un gran detonante para dejar el mundo de los vivos.



Al escuchar tan lamentable suceso denuevo, me quedé medio paralizada. Es que no daba crédito! Me imaginé a su esposo sin ella. A su vulnerable hija también sin ella. Y recordé a mi abuela, de la misma edad que ella,semejante en el caracter y ambas con una muerte tan innecesaria.

Y no alcancé a imaginar cómo sería su hogar sin sus permanentes dedicaciones y cuidados.



Como nunca sabía cuándo los volvería a ver, siempre me despedía de ella con un beso y siempre se reía, diciéndome que el día menos pensado, me tocaría volver por allí.



Esta vez, la que no se ha despedido de mí, ha sido ella.


Pero sé de sobra, que esté donde esté, velará por los que ha dejado.


2 comentarios:

Y sin embargo dijo...

Hace unos años estuve cuidando a una "abuela". Era un amor. Un día cuando llegué a su casa me extrañó que no me recibiera al abrir la puerta, siempre lo hacía. Me la encontré en el sofá convulsionando. Estuvo una temporada en el hospital y ya no volví a verla más. Lo pasé tan mal que decidí, por mucho que lo necesitasen, no volver a trabajar con "abuelos".
Tu trabajo es encomiable y hay que ser muy valiente para hacerlo. Ánimo y beso muy fuerte, guapa!!

Chuspi dijo...

yo el trabajo lo llevaba bien a diario...pero sí que es cierto que cuando se van sin avisar, es duro, sobre todo cuando son personas entrañables.de todos modos, hace unas semanas que ya lo he dejado, por otras circunstancias ajenas a los usuarios.
un saludito belen!!!!