
Esta mañana de domingo, he tenido que ir a trabajar, cuando supuestamente era mi día libre....pero ha merecido la pena. De otro modo quizás no me hubiera topado en mi vida con Miss Sophy. Entré en un portal de renombre, de estos que tienen cientos de años a las espaldas, presidido por una enorme alfombra sujeta a cada peldaño y al alcanzar el antepenúltimo escalon, presencié el cutre vericueto diseñado con 3 ventanales que habitará el portero de turno durante su jornada laboral.
Cuando llegué arriba, muy arriba, pues era un alto piso, me recibió un señor, bien puesto, que también el paso de los años, a juego con el portal, habían hecho mella en su rostro. Y de repente, allí estaba ella, como una princesa que en antaño debió de presidir miles de cuentos maravillosos, que nada tendrán que envidiar los de las Mil y una noches. Pero esa época esplendorosa, me temo, que ya hacía bastante tiempo que había tocado a su fin. Sujeta a su andador, compañero inseparable donde se precie, me saludó muy amablemente, con una finura propia de colegio de pago, y un brillo de ojos azulado, enormes, preciosos, grandiosos!!!
Después de la presentación pertinente, me dispuse a seguirla. Y tanto que la seguí, puesto que ese piso, si se le puede llamar de ese modo, era un sinfín de kilómetros empapelados con un terciopelo amarronado en los que, cada cinco pasitos, había que encender una luz. Mientras no llegábamos a la meta, me di cuenta de que esa casa en sus tiempos de gloria, debió de haber sido muy señorial, llena de fotos, de recuerdos, de miles de cosas sin ordenar ahora, que aún molestando, Miss Sophy ya no tiene ganas de colocar.
Su figura es esbelta, linda, delgada, bien hecha, que aún conserva desde luego, los resquicios de una buena vida anterior. Mientras procedíamos al aseo, hablamos de muchas cosas, y me di cuenta, de que a pesar de que en ese palacete urbano, debió de reinar el lujo a diario, sus habitantes no han perdido la sencillez. Se dirigía a mí, con una educación exquisita pero llena de una gran naturalidad al mismo tiempo. Por cada movimiento, me propinaba las gracias, cuando en realidad ella no tenía por qué hacerlo. Pero....será su edad, la necesidad, o el ser una bella persona, o todo al mismo tiempo, que una se siente gratamente satisfecha por haber hecho bien su trabajo y que sea reconocido con distintos apelativos cariñosos.
Cuando llegué arriba, muy arriba, pues era un alto piso, me recibió un señor, bien puesto, que también el paso de los años, a juego con el portal, habían hecho mella en su rostro. Y de repente, allí estaba ella, como una princesa que en antaño debió de presidir miles de cuentos maravillosos, que nada tendrán que envidiar los de las Mil y una noches. Pero esa época esplendorosa, me temo, que ya hacía bastante tiempo que había tocado a su fin. Sujeta a su andador, compañero inseparable donde se precie, me saludó muy amablemente, con una finura propia de colegio de pago, y un brillo de ojos azulado, enormes, preciosos, grandiosos!!!
Después de la presentación pertinente, me dispuse a seguirla. Y tanto que la seguí, puesto que ese piso, si se le puede llamar de ese modo, era un sinfín de kilómetros empapelados con un terciopelo amarronado en los que, cada cinco pasitos, había que encender una luz. Mientras no llegábamos a la meta, me di cuenta de que esa casa en sus tiempos de gloria, debió de haber sido muy señorial, llena de fotos, de recuerdos, de miles de cosas sin ordenar ahora, que aún molestando, Miss Sophy ya no tiene ganas de colocar.
Su figura es esbelta, linda, delgada, bien hecha, que aún conserva desde luego, los resquicios de una buena vida anterior. Mientras procedíamos al aseo, hablamos de muchas cosas, y me di cuenta, de que a pesar de que en ese palacete urbano, debió de reinar el lujo a diario, sus habitantes no han perdido la sencillez. Se dirigía a mí, con una educación exquisita pero llena de una gran naturalidad al mismo tiempo. Por cada movimiento, me propinaba las gracias, cuando en realidad ella no tenía por qué hacerlo. Pero....será su edad, la necesidad, o el ser una bella persona, o todo al mismo tiempo, que una se siente gratamente satisfecha por haber hecho bien su trabajo y que sea reconocido con distintos apelativos cariñosos.

1 comentario:
Hay gente que tiene clase, estilo , charm hasta el final de sus días...qué envidia!
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