miércoles, 19 de diciembre de 2007

Muñeco de trapo



Os dejo un texto escrito hace tiempo, pero que en cierto modo he recordado hace unos minutos en cuanto he bajado a cogerme un café.

Al abrir el portal de la oficina, lo he visto denuevo. Sólo que he tenido la gran suerte de que no hubo cruce de miradas puesto que no se percató de mi presencia.

****************************
"Hace escasos minutos acabo de sentirme rara. Digo "rara", por no decir imbécil u otro apelativo semejante. Es que no tengo demasiado clara la palabra para definirme. En uno de mis post de hace ya algún tiempo, yo decía que lo raro es lo poco habitual, no que esté de más o de menos, sino lo que es poco frecuente.




Pues debe de ser ese el sentimiento raro al que intento hacer mención. Por poca costumbre, por no ser generalizado hoy en mi vida cotidiana.Porque hace tiempo que ha quedado atrás. En esos jardines del olvido. Unas veces por obligación y otras por devoción. En este caso en cuestión me he visto obligada, dada la redundancia, a emplear ambos términos. Por obligación, porque no quedaba otro remedio y por devoción, porque me hago curitas en salud.



El caso es que, dando el último paseo nocturno a la canina, a pocos metros de donde nos hallábamos, bajó de un coche un perro conocido por mi. Si el perro lo era, es de suponer que su dueño también lo sería.

Y claro que me era conocido.







Pasamos juntos 8 años de nuestra vida. Como sucede a edades tempranas, el rosa prevalece hasta que llega un momento en que el gris tiñe cualquier día espléndido de agosto y como frío de invierno te hace tiritar con 28 grados a pleno sol. Y así acabó una larga historia, con un final atroz y devastador.




Aún recuerdo aquel día. Nos dejamos llorando a mares los dos. Inexplicable. Hubo algún intento de volver, pero....ya nunca sería lo mismo. Mi corazón ya no estaba en el sitio, sino más atrás. Como golpeando los riñones, como un órgano tan sumamente aniquilado que no sentía ni la frialdad. Se arrepintió demasiado de aquella conversación y le costó años posteriores.
Y yo, en cambio, no me he arrepentido jamás. Tuvo que ser así y punto.Y he agradecido mil veces a mi fuerte existencia el haber sobrevivido sin ese lastre a mi lado. Hoy por hoy, despues de años con un fantasma que aún andaba merodeando, puedo decir que me siento libre a ese respecto. Y ha sido una decisión aunque muy dolorosa en su día, ejemplar. Nada mejor que estos años para darme la razón con remanente.



Hoy estaría viviendo una vida estúpida, con un ser insolente, caprichoso, y con la boca llena de una espuma vaga que al mínimo soplo de aire, se desintegraría.


Y pasaron los años. Y hubo épocas en que nos veíamos por la calle y aún hablabamos algo...tonterías básicamente, puesto que de su boca jamás pudieron salir frases coherentes ni podrá jamás hacerlo. Y hubo otras en que me enfadaba tanto que no quería verlo más. Por estúpido y mediocre. Por cansarme de ir a su lado aguantando ese fajo de serrín que lleva a los hombros. Como músculos absurdos que día a día potencia en su gimnasio para nada en vez de cultivar un poquito más el músculo central .



La última ya dura como medio año y ha sido la definitiva. Porque con una de sus babosadas, ya tocó fondo y firmó sentencia. Parece mentira que con 4 palabras se pueda hacer tanto daño. ( hoy ya van 2 años).

Aquel día realmente me sentí morir de la rabia. Ya no por mi, sino por una persona muy importante para mi, que él conocía de sobra y a la que tanto debía agradecer y se estaba debatiendo entre la vida y la muerte. Imperdonable. Censurable. Digno de homicidio.


De una impotencia tan tremenda que si puediera estamparlo contra una pared y hacerle tragar esas palabras con los dientes por el aire, aún no quedaría satisfecha. Incluso no lo voy a negar, me hubiera gustado algo aún peor.....mejor dejemos las fantasías o la delincuencia para otros.



Lo último que recuerdo que le dije fue que cuando me viera, ni me mirara, que no se acerquecase, que me obviara, que por favor, evitase todo tipo de aire cercano que respiro. Porque no quiero el mínimo contacto con un gran hijo de puta. Pues se había portado como tal. Aún así, por si fuera poco, se atrevió a sonreir. Sonrisa de débiles, de infames, de canallas, de merecer en ese momento una gran patada en la cara o en los testículos y quedar doblado en la calle como un baboso de mercadillo.


En septiembre del 2007 se casó con A. y ahora viven cerca de mi casa. Yo ya la conocía de vista, y la verdad, no me dio ni frío ni calor. Aunque jamás entendí esa relación. Solo un año de noviazgo, y en él se me hizo muy pero que muy extraño. A él siempre le ha gustado un tipo de chica, que ha cultivado todo este tiempo y sin embargo A. es todo lo contrario jamás imaginado : mayor que él, separada, y ya con una niña de 22 años a sus espaldas. Otra vez, resulta inexplicable.


La cuestión es que, como relataba al princip¡o, ambos bajaron de ese coche, asomando primeramente la cabeza Bruno, un setter precioso que yo había conocido hará un par de años. Espléndido, precioso, y que vaya por Dios la lotería que le ha tocao, con un tipejo que prefiere hablar con el espejo 3 horas seguidas hasta que le consiga decir que está embriagador.

Nosotras íbamos detrás y no nos habían visto. Pero, por tercera vez inexplicable, algo se me removió dentro. No sé lo qué, porque no tengo motivos a día de hoy para sentirme así, de una forma tan absurda. Supongo que la rabia contenida de tantos años, salió a flote una vez más cada vez que lo veo. Esas ganas de decir tantas cosas, tantos insultos, tanta amargura enquistada sin querer o queriendo porque no hay manera de concebirla de otro modo.

Iban de la mano, como al parecer van siempre, según me cuentan. Pero yo no creo nada de eso. Pienso que he sido la mujer de su vida durante 8 años presente y otros tantos ausente. Y no tengo la más mínima duda. Y a día de hoy, sigo pensando lo mismo.


A pesar de ese gato en el estómago, los adelantamos a conciencia. No le vi la cara porque no quise girarme. Pero él si me vio. Desconozco si hizo comentario alguno puesto que previamente había subido los altavoces de la música.. En ningún momento quise mirarle.


Continué mi paso más recta si cabe, más rumbosa y mas chula que nadie.



Seguramente esbozaría una leve sonrisa chulesca llena de razón al ver mi paso militar erguido, porque me conoce muy bien, igual que yo a él. Demasiado, hasta provocar el vómito.



Y, ese gato que revolvía previamente mis entrañas minutos antes , se apoderó de ese cuerpo cobarde, medio hecho como hombre, y todavía en proyecto como persona...y me sentí mejor. Mucho mejor. Porque esa pequeña herencia, sabía que en breve llegaría a tal legatario.
A ese pequeño y gran muñeco de trapo"!!!







No hay comentarios: