8:00 A.M. Hospital Abente y Lago ( antiguo Hospital Militar ). Un frío atroz mientras me disponía a dejar mi "ferrari" estacionado en alguna orilla cercana.Daba hasta pánico abandonar el vehículo puesto que apenas veía con la bufanda de 8 vueltas enredada en mis mejillas. Lo poco que ella dejaba asomar ni lo sentía.La estrecha y larguirucha nariz que poseo, tipo periquito ( según me dicen..) ya me dolía.
Estupefacta, pasan al lado de mi ventana empañada, un grupo de individuos cuya sangre al parecer no debía de ser de la misma calidad que la mía. Debían de ser como unos 15. Las señoras caminaban alegres, poco peinadas ni pintadas apenas, con zapato fino y a lo sumo una trenkita de verano. Y ellos, alguno de manga de camisa, pantalón corto, unos nauticos bien usados y sin calcetines !!! Diossssssss !!!
¡¡¡ qué dolor más grande al verlos !! si ya tenía poco frío en mis azarosas carnes, me quedé tan perpleja y con cara de gilipollas, que mi aspecto debió adquirir la pinta de la mujer de hielo paralizada, como la canción de Maná, esperando a la orilla el regreso de su gran amor.
Aún cuando entré en el Hospital, tuve que acudir a un baño de inmediato a poner en remojo caliente mis manos insensibles, enfundidas hasta ese momento en unos guantes de lana, y ni con ésas. Y luego cogerme en la expendedora un chocolate bien calentito. Debió de pasar todavía media hora hasta que me atreviese a quitar el abrigo.
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Esta tarde, cuando he llevado a la nenademisojos a jugar al parque, dio la casualidad de que estábamos solas las dos en el recinto habilitado para tales menesteres. Mientras mantuve una conversación por el móvil, me di cuenta, de que a 3 metros de donde yo me encontraba, con una valla en medio, había un individuo, cigarro en mano izda y la mano derecha aguantando para una posible meadilla. Sin fijarme demasiado, enseguida me percaté de sus intenciones. Mientras yo paroleaba, el tipo, sin soltar el cigarrillo, meneaba lentamente lo que con su mano derecha asía. Estaba en plena calle, con mucha luz, apoyado en un coche aparcado y dándole al manubrio. Eso sí, cuando algún transeúnte despistado se acercaba, guardaba el chirimbolo, como si nada, pero en breve lo volvía a airear. Evidentemente, ese pedazo de pirolilla, igual menguaba que crecía, pues todo dependía del tiempo invertido sin interrupciones. No es que quisiera mirar o no mirar ( con lo que se ve a diario.... ) pero me llamaba la atención el hecho de si sería yo la musa elegida para tal celebración, puesto que apenas se me veía la cara, ni la cabeza, ni nada de nada. Porque hacía frío denuevo. Y otra vez llevaba yo mi bufanda kilométrica, mis guantes, mi abrigo, mi gorro y mis botas.
Evidentemente, no reparé en gastos, quiero decir, en cuanto me llegó la hora sagrada de volar la cometa, me piré. Y ahí se quedó el "pobre tipo", pirola en mano, buscando con la mirada a ese alguien inspirador y divino, en cuanto se dio cuenta de que se había desvanecido en su glorioso paisaje.
Hay días así....así de absurdos.

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