sábado, 15 de diciembre de 2007

Inevitable


Hoy que no me llamen a la puerta, ni por teléfono, ni me envíen un sms diciendo ¡¡ holaaaaaa, que taaaaaal ?? ni pretendan venir amores furtivos siempre poco complacientes, porque no voy a responder. No tengo ganas de hablar ni de ver a nadie.


He pasado mala noche con una pesadilla tremenda que ya se manifiesta de forma indiscutible en las ojeras que asoman a mi rostro. Será que ya no tengo bastante con revivir y recordar cada día una situación difícil de olvidar, como para que también perturbe mi merecido descanso nocturno.

Mala noche y peor día. Porque ese recuerdo no se ha separado de mí con las horas que ya han transcurrido.

Para rizar el rizo de ese malestar mío individual, han venido mis padres a comer, y aunque la situación me encanta y me alegra, la conversación derivó en unos términos, que sin quererlo, se ha removido denuevo el tema de mi maravillosa pesadilla, puesto que no deja de ser algo tan evidente y palpable, que encrispa a cualquiera. Noticias de última hora, detalles inesperados o que viéndolos venir, siguen doliendo en personas cercanas y provocan siempre el sufrimiento inevitable de alguien a quien uno quiere. Y ese fue el tema de toda la comida. Entre mi padre y yo, intentábamos que mi madre no tomase ciertas cosas a pecho, pero se le retorcía todo por dentro. Se le empañaban los ojos, aunque pretendiese disimularlo. A mi me escocía presenciarlo, aunque había motivos de sobra para ello.

Pocas risas hubo esta vez, normalmente habituales cuando nos reunimos.


El caso es que mi garganta , mi pecho y mi corazón amanecieron encogidos y no ha habido manera de descontracturar tales músculos.


En cuanto se han ido, he bajado a dar un paseo. No tenía la más mínima gana, pero teniendo en cuenta que debía de hacerlo por obligado cumplimiento para que Nana( mi perra ) desahogase, al mismo tiempo también pensé que podría sentarme bien y ayudarme a despejar la mente.


Salí de casa sin rumbo. No la iba a llevar al parque a jugar porque no quería ver caras conocidas. Así que me puse una gorra, una bufanda que enroscase parte de mi cara larga y tapé mis oídos con los cascos de siempre y la compañia inseparable de M80.

A pesar de que iba caminando con la mirada perdida, cientos de personas me rozaban con sus gestos alegres y satisfechos llevando bolsas a cada lado ( intuyo que muchas serían regalos, dadas las fechas).

Había demasiado transeúnte por la calle Barcelona y corría el peligro de tropezarme con alguien conocido con alguna pregunta estúpida, así que derivé mi andadura por calles colaterales en las que ya no hay ni un alma. A Nana no le estaba gustando en absoluto el paseo e iba resignada a duras penas, pero me importaba bien poco.

Llegué hasta la playa. Pensé que allí al menos ella sería feliz porque siempre le ha encantado ir.

Pero denuevo me equivoqué sin saber el motivo. La perra estaba inquieta, como intranquila, como cuando se intuye algo y el miedo es libre. Aparecieron 3 setters y tuve la esperanza de que se animara a correr como una loca defenestrada con ellos, habida cuenta de la energía con la que pisaron la arena.

Pero aunque hubo varios intentos de juego, ella seguía en las mismas. Como yo. En todo el paseo mi cabeza no cesaba de pensar, mis ojos de vez en cuando se empañaban aún escuchando canciones discotequeras que otros días me ponen a mil por la calle y sonrío sola como una imbécil ante la mirada de cualquiera. Esta vez era imposible despertar en mí tan sensación.


El mar, aunque no bravo, me imponía. Comencé a mirarlo de reojo, sin querer observar, porque recordé el suceso de esta chica madrileña hace dos días y denuevo sentí ese nudo en la garganta.

Igual que me imaginé de repente unas olas grandiosas que nos tragasen por completo, como un maremoto repentino.

Me estaba dando miedo esa soledad y oscuridad de sus aguas con la playa para nosotras solas.

Me imaginé asimismo arrastrada por él en esa pequeña resaca que poco a poco iba creciendo. Y Nana seguía intranquila y era la única que si se hubiera sentido feliz y contenta, habría conseguido arrancarme una sonrisa ante su disfrute, pero....empecé a incomodarme y nos marchamos de allí. Me pregunto qué le pasaría por la cabeza puesto que era muy extraña esa reacción de ella en la playa.

Acto seguido, ya emprendí el camino de vuelta.

Para mi sorpresa, no llegué ni cansada a pesar de la cuesta arriba, cuando otras veces siento cierto malestar en las piernas. Toda la concentración debía de estar en mi cabeza, rulando y rulando, dándole vueltas a todo sin parar, convencida de que, en cuanto abriese la puerta de mi guarida, me atrincheraría aquí y comenzaría a escribir para poder soltar de algún modo esta rabia que me invade, este malestar incómodo y en parte absurdo... o no. Pero en todo el paseo sabía que lo haría y nada más entrar, de inmediato me he sentado ante la mirada penetrante de mi perra disgustada por lo acontecido y porque en absoluto ha disfrutado lo más mínimo.


Nenademisojos, lo siento mucho. Por tí y por mí.


Pero HOY no estoy para nadie. Ni siquiera para mí.


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