
Hoy he salido de casa a las 8.30 A.M y he regresado a las 21.30 de la nochecita. Estoy bastante cansada a estas horas pero disfrutando de la "buena " noticia que me acaban de dar ( habida cuenta de mi cansancio acumulado hoy) de que mañana tengo todo el día libre.
La razón es que dos de mis pacientes están enfermos con fiebre y ya se cuidan solitos el uno al otro, al parecer ( padre e hijo ).
Así que ahora, haré lo que ayer no he podido. Me acostaré sin las prisas habituales para quedarme dormida quiera o no quiera, porque el ring ring me tiene que despertar a narices, lo oiga o no, saltando a brincos más que torpes de mi camastro y tropezando con todo aunque no esté en mi camino, tal cual borrachuzas deambulador.
Y es que mis amaneceres siempre son así, de esta forma, digamos, tan estruendosa, como a zancada limpia, con la enana por el medio de mis tobillos advirtiéndome con los ojos como platos que ya es la maldita hora de salir a hacer el primer pis...aunque no le apetezca porque su mirada y su bostezo, así me lo manifiestan.... mientras nos vamos desperezando juntas, su vejiga inflada como el Globo de Betanzos, ya no nos engaña y nos obliga a espabilar.
Y es que no aprendo ni a la de tres. Siempre por quedarme los cinco minutitos más entre el calor que yo sola he forjado, ya me levanto estresada. Y mientras me visto a carreras, caliento el café, que muchas veces se vuelve a quedar enfriando por la premura, y así queda todo manga por hombro!! y el caso es que lo odio a mares !
Mientras le doy a la nena su mini paseo de Guiness, intento recordar a mil revoluciones dónde estará mi coche estacionado teniendo en cuenta que cada día ocupa tres escasos metros distintos de éste, nuestro barrio. Por supuesto, dada la tontera permanente que ocupa mi mente en esos momentos, lo raro es que acertemos a la primera. Así que, cuando ya tenemos el primer error en bandeja, el paseíto se presenta un poco más largo al igual que mi desesperación y maldiciones por haberme quedado esos 5 minutillos de más... ( más bien, un cuarto de hora de más.. ). No sería ya la primera vez, que una vez aparcado, nada más llegar a casa, anoto en mi cuaderno de notitas, donde lo he dejado.......ya, por si acaso ( tiene tela la historia...pero una, ya se conoce ! ).
A estas prisas tan odiosas y mañaneras, tenemos que añadirle el estado de somnolencia de algunos. Y es que basta que una arranque el coche a toda mecha, para que siempre lleve por delante la típica cuadrilla de besugos que todavía llevan consigo, a juego con la corbata, la legaña en la cara, y pongan el punto muerto en ámbar y les importe tres pitos la cola que van formando detrás en las horas puntas. En esos momentos, una que es práctica, aprovecha para quitarle el capuchón a la mandarina o plátano que le ha dado tiempo a meter en el zurrón, al haber dejado el café donde estaba.
Y otra vez viene a mi simple y retorcida mente, esos cinco minutos de retoce conmigo misma, con el ojo aún cerrado, envuelta en mis sábanas de franela, intentando observar a duras penas, que unos diez minutos más, todavía serán suficientes... porque llegaré a tiempo.
Dado el esfuerzo tan sumamente terrible que a mi me cuesta levantarme, admiro profundamente a esos que se levantan tal cual anuncio publicitario del colchon Flex. Con alegría, con frescura de chapuzón de verano, con unos botes que como mínimo cambiarán cada dos días el diseño de su lámpara de techo.
Yo es que siempre he sido así, pegadiza a las sábanas, al sueño relajante y profundo, a esa sensación de calma que una tiene cuando se despierta sin prisa y sabe que el día aún espera.. porque siempre he tenido los biorritmos nocturnos. Dicen que tiene mucho que ver la tensión arterial de la persona. Que los que somos de tensión baja, comenzamos a rendir a media mañana pero más por las tardes, de ahí que alcancemos el nivel de máxima inspiración y rendimiento hacia las noches.
Supongo que será una teoría cierta o al menos explicable en mi caso, porque desde niña, el problema era el mismo que ahora. Infinidad de veces perdía el autocar del cole por esos cinco minutos y tenía que volver corriendo al portal a que me dieran dinero para un taxi porque sino las monjas ya no me dejaban entrar al cole si llegaba tarde...
Pero, mañana.....al menos mañana, mi despertar será distinto al de hoy.
Retomaré el estado paciente del parado, del enfermo, del jubilado....de los que, al menos por un día, como yo, pueden vivir sin prisas.

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